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El origen de la "Birome"

“Biro, usted está loco”, le habían dicho muchas veces cuando iba a ver a expertos para presentarles su idea. Sin embargo Ladislao José Biro, como lo conocemos los argentinos, nunca se rindió y desarrolló lo suyo. Se le había ocurrido cuando miraba cómo se imprimía la revista en la que escribía como periodista. Entonces, pensó su proyecto: un tubo capilar, con una tinta que por la fuerza de la gravedad fluyera hacia una bolilla que, al girar, dejara esa tinta sobre el papel y se secara instantáneamente. El resultado hoy tiene millones y millones de usuarios en el mundo.


La primera patente del bolígrafo aparece en Hungría en 1938. Pero el gran desarrollo se realizó aquí, el lugar al que Biro definió como “el país de la yapa”, ese plus que encontraba entre gente cortés y amable, siempre dispuesta a dar más. Así, junto con su hermano Jorge (un químico) y su amigo Juan Meyne llegaron a Buenos Aires y formaron Biro Plumas de Argentina, una empresa que se dedicó a fabricar una lapicera de calidad, pero lo suficientemente barata, para que la tuvieran todos. La conjunción de los apellidos Biro y Meyne dio origen a la legendaria palabra “birome”.


La fama de aquel invento circuló por el mundo. Y su fabricación también. En 1953, con licencia del propio Biro, un señor llamado Marcel Bich introdujo el bolígrafo en el mercado de los Estados Unidos. Usando los diseños argentinos, achicó su nombre y generó la lapicera Bic, una de las marcas más famosas del mundo. Así la Bic transparente, desechable y de bajo costo, alcanzó tanta fama que hasta es parte de la colección permanente del Museo de Arte Moderno de Nueva York.

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